En agosto de 2024, Fernando Cifuentes se convirtió en el primer chileno campeón mundial de Pokémon. Un hito inédito que corría el riesgo de pasar desapercibido frente a la hegemonía mediática del deporte tradicional y los Juegos Olímpicos de París. Movistar GameClub tenía una ventana de apenas días para actuar antes de que la conversación se diluyera. El desafío: transformar un logro de nicho en una celebración nacional, diferenciarse en un entorno saturado de marcas tecnológicas y posicionarse como el referente legítimo de la cultura gamer chilena, sin presupuesto masivo ni campañas pagadas.